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Entre la autoestima y el narcisismo tóxico







¿Qué es la megalomanía?

Los psiquiatras y los psicólogos distinguen entre:
  • Rasgos o trastorno de personalidad megalomaniáca: Cuando la forma de ser de una persona está influida por un concepto grandioso de sí mismo, una autoestima alta que les lleva a sesgar, alterar o filtrar la realidad. En general, están satisfechos con su forma de ser. Sin embargo, con tratamiento pueden llegar a darse cuenta de esta alteración.
  • Trastorno delirante megalomaniáco: Cuando una persona, en un momento de su vida y durante al menos un mes, se ve inmersa en un delirio y se ve alguien único, grandioso. Dentro de ese delirio, existe un corte abrupto con la realidad objetiva. Para estos individuos, su visión de sí mismos y de la realidad es la única posible. La inflexibilidad para reconocer otro tipo de realidad, es muy marcada.
Para el psicólogo José Serrano, del gabinete Área Humana, mientras los rasgos megalomaníacos forman parte de una personalidad conformada desde la infancia y que se desarrolla plenamente en la edad adulta, el trastorno delirante aparece en un momento dado.
Laura Ruiz, psiquiatra en los centros médicos Milenium Sanitas y en el centro Área Humana, explica que en el trastorno megalomaníaco aparecen ideas delirantes, como creerse dios o un profeta, por ejemplo. Siempre fuera de la realidad y con una idea fija difícil de revocar.
Por otro lado, los rasgos megalomaníacos son más frecuentes en la sociedad como parte de los trastornos de personalidad que “pueden pasar desapercibidos en puestos de más capacidad o de más poder, en personas relevantes”.


Son personas con un concepto elevado de sí mismos, narcisistas, con un comportamiento que roza los delirios de grandeza y la omnipotencia. Aunque en el espejo la realidad sea otra, su aplomo les puede servir en muchas ocasiones para abrir las puertas del éxito social


No es oro todo lo que reluce

EFE/Jacek Turczyk


Las personas con rasgos megalómanos “creen que tienen una capacidad mayor de la que realmente tienen y eso hace que puedan llegar a puestos de poder o de más influencia. Además, socialmente están bien vistos y valorados, pero no son empáticos”, apunta la psiquiatra.
Sin embargo, aunque muestren mucho aplomo y seguridad en sí mismos, cuando se hace un análisis en profundidad de su personalidad se detecta que pueden ser individuos con muchas carencias y con un sentimiento de inferioridad o vacío desde los primeros vínculos con los padres.
“En los narcisistas se ha estudiado que las relaciones con los padres son de muy poca afectividad positiva. Los padres, o no están presentes, o no son capaces de darse cuenta de las necesidades del niño, quien tiene que mostrar una imagen de sí mismo grandiosa para que el padre lo vea, se fije”, señala Laura Ruiz.
Aunque cada personalidad se conforma en función de su biología y del aprendizaje familiar, en la mayoría de los casos se describe el narcisismo en personas seguras, que incluso quedan por encima de los demás, con éxito social, con afán de notoriedad, indica.
“Pero también -apunta la doctora- aparecen comportamientos narcisistas en personas que aparentemente son más sumisas pero que se hacen imprescindibles de cara a los demás, que están por vocación al lado de los demás, ofrecen la imagen de “yo soy la buena”.

Megalomanía asociada a otros trastornos

La megalomanía puede estar asociada tanto al complejo de superioridad como al de inferioridad. “El individuo puede pasar de un estado de exaltación a sentirse humillado, avergonzado. Florece esa parte escondida que coincide con la baja autoestima o inferioridad. Conviven las dos personalidades, vive una dicotomía, por eso es un trastorno”.
Pero también la megalomanía se considera un síntoma o la expresión de trastornos de personalidad como el narcisismo, la psicopatología o trastorno social o el histriónico, trastorno este último que lleva al individuo a necesitar reconocimiento continuo y ser el centro de atención, además de presentar rasgos dramáticos, susceptibles, emocionales que rayan en la extravagancia.
Aparece asimismo en el trastorno bipolar y en los trastornos delirantes crónicos como aquella mujer, por ejemplo, que cree que un personaje televisivo está enamorado de ella, comenta la psiquiatra.

El tratamiento

Fotografía de archivo de Francisco Nicolás Gómez Iglesias. EFE/Archivo/Juan Carlos Hidalgo
El psicólogo José Serrano pone de ejemplo de megalómano a Frank Abagnale, un personaje real interpretado por Leonardo DiCaprio en “Atrápame si puedes”, quien antes de cumplir los 20 años ya había ganado millones de dólares trasgrediendo todas las normas guiado por su ansía de grandiosidad.
“Si alguien tiene afán de ser superior a los demás suele decantarse por profesiones como la Medicina, la política, funcionarios de alto rango… Se da en los dos sexos pero se expresa de forma distinta: el hombre a través del poder, la mujer por la seducción”, subraya por su parte la doctora.
Un trastorno difícil de diagnosticar porque no es el perfil de persona que suele sentarse en el sofá del psicólogo o del psiquiatra. No suelen considerar que tienen un problema.
“El tratamiento psicológico iría dirigido a hacerle ver que esas creencias de grandeza son falsas. Intentar derribar la pared de lo que el percibe y en lo que cree para hacerle ver que es falso”, manifiesta el psicólogo, mientras que la psiquiatra recomienda un tratamiento combinado psicológico y farmacológico, con neurolépticos, que ayudan a rebajar la intensidad de la idea delirante.
En el caso de “el pequeño Nicolás”, será la investigación judicial, ahora bajo secreto de sumario, la que determine hasta dónde llega la realidad y hasta dónde la imaginación. Mientras tanto, este joven sigue ocupando horas de televisión y visitas a algún plató donde detalla con aplomo sus relaciones con el Centro Nacional de Inteligencia, la Casa Real o la Vicepresidencia del Gobierno.

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