ShareThis

Verguenza y Politicos....un articulo

EN DIRECTO|31 ENE 2015, 12:00 AM|3|POR HÉCTOR RODRÍGUEZ-CRUZ

(Des)vergüenza política







1. Tanto la vergüenza, asumida como virtud cívica que hace referencia al honor propio y al respeto al honor de los demás; así como la desvergüenza, interpretada como un acto de deshonor que traspasa los límites básicos de la decencia y la integridad, constituyen hoy día temas muy sensibles y prioritarios en la actividad política y en las acciones públicas y privadas de políticos y gobernantes. Para nadie es un secreto que el escenario político dominicano está plagado de desvergüenzas y falta de decoro. ¡Y nada pasa! Esta lenidad simplemente llama a otras desvergüenzas mayores que contaminan y debilitan la democracia y aumentan el desencanto político.
2. En la historia política reciente encontramos amplias manifestaciones de actos de vergüenza y desvergüenza políticas que bien pudieran abonar la arena política dominicana. En abril del 2014, el Primer Ministro de Corea del Sur, Chung Hong-Won, renunció a su cargo, asumiendo la misma como un acto de vergüenza frente a la lenta respuesta dada al hundimiento del ferry que dejó más de 200 muertos y decenas de desaparecidos.
3. En mayo del año pasado, el entonces ministro de Defensa de Alemania, Karl Theodor zu Gutenberg, de 39 años, el ministro más popular del Gobierno de Ángela Merkel, renunció por vergüenza a su cargo por haber sido acusado de plagiar su tesis doctoral de Derecho presentada en el 2007. También en Alemania, en el 2010, el hasta entonces Presidente Horst Köhler renunció ante las críticas que provocaron sus declaraciones sobre la presencia de tropas alemanas en Afganistán y que hacían referencia a supuestos intereses económicos de su país.
4. Por su apego a la moralidad y respeto a la justicia, vale también mencionar la renuncia del ministro de Justicia de España, Marcos Fernández Bermejo, en el 2009, después de reconocer que había participado en una cacería sin la licencia correspondiente. Otra renuncia por vergüenza, en la misma España, fue la del ministro de Agricultura, Vicente Albero, en 1994, al darse a conocer que no había declarado 20 millones de pesetas diez años atrás. Actualmente en España las renuncias de políticos y altos funcionarios están a la luz del día, gracias a la decisión del Presidente Rajoy de no tolerar la corrupción. ¡Buen ejemplo a imitar!
5. ¡Eso es en el primer mundo!, dirán algunos; “en América Latina y, por supuesto, en la República Dominicana, las cosas se manejan de otro modo”. Y tienen razón. Una Justicia, ciega, sorda y muda es el mejor incentivo para que así suceda. Sin embargo, le haría mucho bien a nuestra imagen como país “importar” un poco de dignidad y de vergüenza política o por lo menos comenzar a cultivarla y a exigírsela a los candidatos a los casi 4,500 cargos electivos que estarán en juego en las elecciones del 2016. “Nunca es tarde si la dicha es buena”. ¡Comencemos!
6. Tener y actuar con vergüenza no es una opción, es un deber ciudadano. No hacerla propia en esta justa dimensión supone una carencia de un sentimiento de nuestro propio valor. La vergüenza implica “una relación esencialmente íntima con nosotros mismos y con aquellos de quienes dependemos para confirmar el sentimiento de nuestro propio valor” (Rawls). La vergüenza juega un papel importante en la moralidad y siempre remite al concepto de responsabilidad. Hace referencia a que somos responsables de nuestras acciones, a que podemos elegir cómo actuar, obligándonos a dar cuenta de nuestras propias decisiones.
7. La vergüenza sólo surte efecto en quienes la poseen y tienen conciencia del bien y de la justicia. Es sinónimo de actuar correctamente, es decir, con responsabilidad moral, partiendo del hecho de que la responsabilidad moral se encuentra conectada con la responsabilidad legal. Ser legalmente responsable significa ser capaz de responder ante la ley por hechos cometidos, así como remediar el daño material o moral en que se haya incurrido. Es esta responsabilidad moral la que constituye la base de la condena o el reconocimiento públicos. Aquellos que por mandato de la Constitución “deben cumplir y hacer cumplir las leyes” no pueden actuar sino en el marco de la vergüenza absoluta. En este sentido, sus desvergüenzas deberán ser sancionadas con mayor rigor.
8. Poseer la virtud cívica de la vergüenza constituye una persuasión y una prevención para evitar actos indecorosos, en tanto, preocupación por temor a ser rechazado por haber cometido un acto deshonroso, o como miedo al juicio de la opinión pública o pérdida inminente de reputación, siendo que las personas procuran sentirse integradas a una comunidad y ser aprobadas por la misma, y la posibilidad de ser públicamente sancionadas generalmente les resulta bochornoso.
9. En nuestro país son muchos los políticos, de todas las parcelas, que trillan el camino de la desvergüenza, pero “tienen su ángel malo” que los protege, ya que los mismos son arropados por el manto de la impunidad y el silencio cómplice de otros políticos y estamentos para los cuales la vergüenza cuenta poco, se compra, se vende o se hipoteca, convirtiendo en burla el clamor popular que reclama la condena de los desvergonzados. Y ya que los mismos carecen de la valentía cívica para renunciar, no olvidemos su rostro al momento de votar.

0 comentarios: