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Tienes envidia o eres envidioso???


A propósito de la envidia y el envidioso !!

"Si hubiera un solo hombre inmortal sería asesinado por los envidiosos." (Chumi Chumez)

Decía, Don Arthur Schopenhauer, filósofo alemán , que; "La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.". En España, ya la admitimos como el principal pecado o como algo que nos define a todos los españoles.
Envidia, de acuerdo a las definiciones de la Real Academia Española la envidia es la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee.

Y por qué existe la envídia ?


Existe envidia cuando queremos lo que tiene otro. Cuando tenemos un pronunciado complejo de inferioridad, de inseguridad y de disconformidad con nuestro ser y con todo aquello que tenemos. Lo que tenemos resulta poco. No nos hace feliz. Somos envidiosos cuando nuestras mentes no gozan de pleno estado de salud mental y no somos felices con nuestros logros, porque nunca nos conformamos con lo que nos ha dado la vida; con el sendero que elegimos transitar o con lo que nos ha tocado ser en este mundo en el cual hemos de vivir. Desarrollamos nuestra envidia molestando a otros, deseándoles el mal, riéndonos o regocijándonos cuando al otro le va mal en lo que hace. Algunas personas ya nacen con la característica tan peculiar— pero ampliamente compartida por otras en este mundo— de ser envidiosas. Aunque tratemos muchas veces de ocultarlo, o de eludirlo, ya sea por vergüenza a quedar desprevenidamente descubiertos por aquellos que están en nuestro círculo familiar, de amigos, o en el laboral, ser envidioso es algo detectable. Sentimos envidia cuando vemos que nuestro vecino— por describirlo así, puesto que podría ser tranquilamente una persona allegada— consigue un empleo mejor remunerado que el anterior, aquel en el que durante 10 años no logró progresar— finalmente un día la vida le sonríe, y le regala un golpe de suerte, en recompensa por su incesante búsqueda. Y es entonces cuando, luego de un año de haber trabajado jornadas extenuantes y demandantes bajo un estresante círculo vicioso laboral, repunta en su profesión, logra comprarse una modesta casa por medio de un pequeño crédito bancario, y consigue formar una familia. Pero, como si esto fuese poco para la envidia del envidioso, nuestro vecino, además, se desarrolla en un hermoso y sano círculo de personas de iguales características, las cuales sienten que, aunque es poco lo que tienen, Dios o el mundo, o las vueltas de esta vida le han facilitado todo y, agradecidas, han aprendido a valorar lo que con su esfuerzo y devoción han obtenido.

Y es por dicha razón, que respetan sus logros y son conscientes de sus limitaciones al igual que el aquí llamado “vecino”. Pero, como si ésto fuera poco para contribuir con la perforación de la úlcera del envidioso, este vecino es solemnente aceptado por sus semejantes, querido por sus amigos, compañeros de trabajo, pero es incisivamente y silenciosamente odiado y maldecido por el envidioso, quien siempre estará cerca para decirle: “¡Y bueno, en todo no te puede ir bien! ¡Era hora de que te equivocaras! ¡No puede ser que siempre te vaya bien cuando no te lo mereces!”.

Es ahí cuando el “vecino” se dará, quizás prematuramente o tardíamente, cuenta de que, la persona que le rodeaba, no es más que un nido de víboras esperando para arremeter contra él y alborozarse de su desdicha y, por lo tanto, decidirá tomar otro camino que lo mantenga alejado de la lengua viperina del envidioso. En la vida, tal como si fuese una prueba necesaria por la que deben pasar los seres humanos, debemos enfrentarnos a varios tipos de envidiosos: tenemos el envidioso hipócrita, que es aquel que siempre festeja lo que hace el otro haciendo una sonrisa de oreja a oreja y soltando carcajadas cuando el otro, sin saberlo, le cuenta de sus logros, de su progreso, de sus planes mediatos e inmediatos, y de su óptima salud mental y física, y el envidioso responde haciendo gestos que, hipócritamente, provoca para mantenerse cerca de la persona.

Existen tipos diferentes de envidiosos.

Tenemos el envidioso copión, que es aquel que nos imita pero, sin embargo, todo le sale mal o contrario a sus expectativas. Tenemos el envidioso engreído compulsivo, que es aquel que nunca ha logrado nada pero que miente acerca de lo que tiene, compró o adquirió para superar a la otra persona. Tenemos el envidioso curioso, que es aquel a quien solamente le interesa saber todos los pormenores de nuestras vidas; nos pregunta acerca de cómo compramos el auto, por ejemplo, cuánto lo pagamos, de dónde sacamos el dinero, si lo robamos porque le parece imposible que hayamos podido ahorrar para invertir en algo provechoso.

Tenemos el envidioso de doble cara y de doble discurso, que es aquel que nos alaba cuando está en compañía nuestra pero que, cuando se va, y visita a otra persona, habla a nuestras espaldas, y crea todo un panorama que no se condice con la realidad de nuestras vidas pero, como si le pareciese poco, le cuenta a la otra persona que somos excremento, y en consecuencia la otra persona incorpora el mismo concepto acerca de nosotros, pero el envidioso, cuando vuelve a nuestro hogar, o al círculo donde nos movemos, nos continúa hipócritamente alabando y pone en práctica el mismo procedimiento empleado con la otra persona.

Pero, si somos personas inteligentes, no tenemos por qué, ni di qué, ni para qué caer en sus andanzas, entredichos y controversias puesto que todo se magnetiza negativamente sobre nuestros cuerpos y sobre nuestra mente y, por lo tanto, toda nuestra energía positiva se malgasta y se negativiza, como resultado de seguir el mal camino del envidioso. Aprendamos, sigilosamente, a detectar a aquellas personas que sólo quieren nuestra desdicha, nuestro deshonor, nuestro tropiezo y nuestra desaparición como personas buenas, honradas, solidarias, generosas, e innatamente equipadas con un alto potencial de inteligencia, de madurez mental, y de autosatisfacción por lo que somos.

Por otro lado, el envidioso, por lo general, envidia lo que haces, acometes , conoces , ejecutas, etc. Y nunca se pregunta como lo haces , por qué lo haces y cuanto te cuesta realizarlo. asta ahí, su cabeza, no da para más. Son en estos casos cuando , en micaso, anarbolo una frase hecha y que rocure sirva de "aviso a navegantes" . La frase, viene a decir así: "No envidies mi progreso, si no conces mi sacrificio".

A partir de ello, claro, siempre que te den opción a comunicarlo en su presencia, éste, el inerlocutor envidioso y atleta muscular de la lengua, suele callar y cambiar de conversación, al fin y al cabo, es lo que mejor se le dá, hablar, aunque sea mal de los demás.


A veces, para saber de este pecado, defecto o enfermedad, como es la envidia, no hace falta irde a los clásicos más entiguos. Mi admirado y respetado filósofo y escritor vasco, perteneciente a la generación española del 98, Miguel de Unamuno,decía que ; "La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.".

Es por ello, por lo que, cuando alguien me publica un artículo en un medio de comunicación digital o en cualquiera de los siete Blogs que voy coordinando, solo para insultar, arremeter sin causa alguna a mi persona, recuerdo todas estas teorias y refranes, por supuesto, me estimulan y hacen que me den un poquiño de peniña. Sin ir más lejos, ya lo decía Napoleón Bonaparte; "La envidia es una declaración de inferioridad."



Asi es que, amigos mios, no os preocupeis jamás, si a cualquier artículo que publique, salgan con la "mascara" del anonimato, prueba evidente de la envidia y la cobardía, para emitir insultos y difamaciones por mi persona, ya que los que de verdad me conocen, saben que desde hace tres años, por razones conocidas por mis más allegados, me considero en deuda con la sociedad.

Para despedida, que mejor que recordar alguna "perla", del gran humorista, columnista, escritor, polifacético y ya fallecido,Chumy Chúmez , que refiriéndose a los envidiosos, decía ; "Si hubiera un solo hombre inmortal sería asesinado por los envidiosos.".

Que no es poco.

By Ángel Corbalán

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