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La pesada política de las aulas(Educación en Chile)

04 Noviembre 2011
La educación en Chile. Estancamiento sobre quién debe pagar por la educación y quién se debe beneficiar de ella

La pesada política de las aulas

Los manifestantes erigieron barricadas y chocaron contra la policía en el primer día del paro convocado por los estudiantes para presionar a que el gobierno acepte las demandas de reformas educativas. AP
Fue en mayo, en el otoño del hemisferio sur, cuando los estudiantes chilenos y muchos escolares se lanzaron a las calles a demandar una reforma completa del sistema educativo. La primavera ha llegado y todavía no hay señales de solución a lo que se ha convertido en el conflicto político más grave en dos décadas en el país más exitoso de América Latina. Las conversaciones entre los estudiantes y el gobierno empezaron en agosto, pero se suspendieron el 5 de octubre. El estancamiento le está costando a Chile cada vez más.
Desde mayo los estudiantes han ocupado cientos de escuelas, manteniendo a los maestros fuera y privando a miles de niños de su educación. Muchos estudiantes universitarios no han asistido a clases durante meses. La mayor parte del tiempo hacen marchas en Santiago, la capital, con frecuencia sin autorización. Con una deprimente previsibilidad éstas terminan en enfrentamientos entre una minoría de jóvenes violentos y la policía. Muchos residentes ahora evitan el centro de la ciudad en los días de protesta para escapar a los ladrillos, botellas, chorros de agua y gases lacrimógenos. Unos 1,800 manifestantes han sido arrestados desde mayo y más de 500 policías han sido lesionados. Los daños ascienden a millones de dólares. El asediado Presidente Sebastián Piñera, de centro derecha, está intentando levantar su alicaída popularidad tratando de desviar el debate de la educación hacia el de la ley y el orden,
De hacerlo eso podría ayudarle un poco, pero no mucho. La causa de los estudiantes sigue siendo popular. La educación es cara, y los padres asumen la mayor parte de la factura. Casi el 40% del gasto en escuelas y educación superior que hacen los hogares es por mucho la cifra más alta de la OCDE, un grupo de países ricos. Casi todos los niños asisten a lo que se conoce como escuelas "subsidiadas", donde los costos son divididos entre el estado y los padres, quienes en promedio pagan $400 por niño al año (en un país donde el salario mínimo es de $363). Solo un 15% del gasto en educación superior proviene de fondos públicos, comparado con los países de la OCDE donde el promedio es de 69%. El resto proviene de los hogares.
Lo que hace esto más difícil de aceptar es que muchas de las instituciones educativas son negocios con fines de lucro. Esto es así en una tercera parte de las escuelas secundarias y
vocacionales y técnicas a donde asisten dos terceras partes de los estudiantes de educación superior. Tres cuartas partes de las universidades son privadas: en el 1981 se les prohibió operar con fines de lucro, pero muchas han evadido la restricción estableciéndose como compañías de bienes raíces que alquilan las edificaciones a las universidades.
Los estudiantes argumentan, correctamente, que la educación es un bien público. Con menos razón, piden que todo el sistema sea 'gratis' (es decir, pagado por los contribuyentes) y manejado por el estado. Ellos desean que estas demandas sean sometidas a un plebiscito. El gobierno dice que un financiamiento universal estatal sería un subsidio para los ricos. Piñera, como empresario que es, no ve como un problema que las escuelas tengan beneficios. Por lo menos dos de sus ministros han tenido vínculos en el pasado con negocios educativos (al igual que destacados políticos de oposición).
En agosto los estudiantes hicieron demandas específicas en una carta a Piñera. Entre otras cosas desean que el gobierno, en lugar de consejos locales y los padres, financien las escuelas "subsidiadas"; que haya una participación más equitativa del dinero estatal entre las universidades; y que sea el estado, y no los bancos privados, los que provean préstamos a los estudiantes. El gobierno sometió un proyecto de ley al congreso para reducir la tasa de interés de los préstamos a los estudiantes de 6% a 2%, y dice que los más pobres de los estudiantes recibirán donaciones de un 40%. También, gradualmente transferirá las escuelas "subsidiadas" municipales al ministerio de educación, pero no las hará gratis. Ha propuesto un incremento de 7.2% en el gasto en educación en el presupuesto del próximo año. En lo que se ha convertido en un argumento polarizado, otros temas esenciales tales como la calidad de la enseñanza o la evaluación del desempeño de las escuelas apenas se han tocado.
Muchas de las propuestas del gobierno son razonables, pero no lo suficiente para aplacar a los estudiantes. Ahora parece que Piñera está esperando que las protestas pierdan fuerza. Al acercarse el verano es probable que suceda. El apoyo del público está empezando a perderse en la medida que los chilenos se están hartando de ver sus ciudades asoladas.
Pero esto no será el final del asunto. Las encuestas muestran que la educación se ha convertido en la preocupación principal de los chilenos. En los últimos 20 años el número de estudiantes en educación superior se ha cuadruplicado; muchos de ellos son los primeros de su familia en llegar ahí. Y para Chile lograr el objetivo de Piñera de convertirse en un país desarrollado, necesita una fuerza laboral mejor educada. El gobierno tiene razón en resistirse a un sistema completamente manejado por el estado y pagado en su totalidad por los contribuyentes. Pero también debe notar que las mejores universidades del mundo son instituciones sin fines de lucro, y que Chile está lejos de ofrecer igualdad de oportunidades para su gente.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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