ShareThis

Lectores ineficientes y sociedad del conocimiento

Lectores ineficientes y sociedad del conocimiento


Por Aquiles Julián

“La creación de valor-conocimiento se está transformando en el motor del crecimiento económico y la rentabilidad”.
Taichi Sakaiya
Historia del futuro: la sociedad del conocimiento.

¿Cuál es el principal obstáculo que tiene el tránsito a la sociedad del conocimiento? Hay muchos, pero el mayor es la predominancia de un modelo altamente ineficiente de lectura que produce un rechazo a esa vital herramienta en la transmisión de información.

Cada día se lee menos en términos individuales, por persona alfabetizada. Y se es más torpe al leer. ¿Cuál es la causa principal? Que no hemos sido entrenados en un modelo eficiente de lectura. De hecho, no se nos enseñó a leer, simplemente se nos alfabetizó. Y ahí empieza el problema.

Estar alfabetizado es una cosa; aprender a leer otra distinta. Entender que es lo mismo es el comienzo del problema. Es como si por aprender a hablar se considerara a una persona apta para ser locutora. No, eso requiere un adiestramiento especial. Lo mismo la lectura eficiente.

La lectura ineficiente comienza por ser extremadamente lenta, entre 150 y 200 palabras por minuto, con bajo nivel de retención e intelección. La lectura eficiente, por el contrario, opera en ratios que van desde 1,200 a 2,000 palabras por minuto, con altos niveles de atención, concentración, comprensión y retención, lo que implica una diferencia significativa desde una técnica ineficiente a una técnica de lectura eficiente.


LOS TRES MAYORES DEFECTOS AL LEER

Los tres principales defectos al leer son:

1.      El leer palabra por palabra o lectura silábica
2.     El leer escuchándose a sí mismo o subvocalización
3.     El retroceder debido a la distracción

Todos estos problemas o defectos provienen del hecho de  que no fuimos entrenados en leer, sino que fuimos alfabetizados. Y son dos cosas distintas.

El primero, leer palabra por palabra, es responsable de la lentitud al leer. Es la lectura silábica, aquella que nos enseña quien nos alfabetiza. Proviene del proceso de vincular grafía y sonidos, unir grafías y sonidos para formar sílabas; unir sílabas para formar palabras y unir palabras para formar frases y oraciones, que es el que llevan a cabo los alfabetizadores.

Al considerar que, por hacer esto, ya sabemos leer, se prescinde de impartir una técnica eficiente de lectura, por lo que seguimos leyendo hasta la muerte con una técnica de lectura ineficiente, lenta y desalentadora. ¿El resultado? La mayoría de las personas alfabetizadas no leen, carecen de hábito de lectura y simplemente ejercen esa competencia ocasionalmente. Y así, descuidan el principal medio inventado por la humanidad para la transmisión de información y su difusión.

Al proceso de alfabetización debemos también el segundo defecto o problema: la subvocalización. Esta se origina en el hábito creado de vincular una palabra (grafía) con un sonido (fonema). En realidad, las palabras tenemos que vincularlas a un concepto o idea, una imagen. Al estar leyendo y a la vez pronunciando, sea físicamente, sea mentalmente, el sonido de las palabras, leemos muy lento porque lo más rápido que una persona puede hablar y que se la pueda entender es a unas 400 palabras por minuto, lo que desde el punto de vista de la lectura resulta lento.

Y el tercer defecto o problema es retroceder, fruto de que si bien mecánicamente los ojos siguen recorriendo los renglones, la mente se distrae y “perdemos el hilo” de lo que leemos. La distracción nos hace devolvernos porque sabemos que perdimos la ilación de la información que recibíamos.


OTROS RESULTADOS DE LEER LENTO

No sólo la distracción y el perder el hilo afectan la lectura, también resultado de la lectura ineficiente son el cansancio de la vista y el aburrimiento.

El cansancio de la vista proviene del alto número de fijaciones que se tienen que hacer. Hemos sido adiestrados en un hábito improductivo: aislar una palabra de las demás en el renglón e ir mirándolas una a una. Cada acto de mirada o fijación, es un esfuerzo que hace el ojo. Un esfuerzo para un resultado en información bien pobre, porque el 50% de las palabras que empleamos y escribimos son palabras vacías: artículos, conjunciones, preposiciones, etc., unidades formales sin mayor contenido, útiles para construir las oraciones, pero pobres en información relevante, lo que significa que el 50% de nuestras fijaciones se desperdicia.

En términos prácticos, eso significa que la mitad de las 150 ó 200 palabras que leemos en un minuto, como lectores ineficientes, son palabras vacías, lo que reduce el nivel de información real obtenida en ese minuto a 75 ó 100 palabras.

De ahí el aburrimiento. El cerebro, alimentado con tan escasa información se distrae, divaga, se desconecta… O se adormece y le da sueño.

Muchas personas han creado un ancla, en términos de PNL, una reacción estímulo/respuesta, y desde que toman un libro en sus manos al rato están durmiendo. Y es que la lectura ineficiente provoca una repulsión sicológica a la tarea de leer. Y eso se comprueba con la escasa cantidad de personas que ejercen esa capacidad adquirida. Pese a estar alfabetizadas, la inmensa mayoría de personas no leen, con lo cual renuncian implícitamente al más formidable medio de transmisión de información creado por la humanidad en toda su historia (y de hecho, el concepto mismo de historia está directamente relacionado con la capacidad de leer y escribir, pues al período ágrafo, como no produjo documentos escritos, se le denomina prehistoria).

Una competencia adquirida que no se practica se enmohece. La lectura, que estimula la inteligencia y la imaginación y enriquece el vocabulario y la capacidad expresiva, que nos nutre de información y estimula la creatividad, es ese tipo de competencia. No es que dejamos de leer: es que dejamos de estimular nuestra inteligencia y nuestra imaginación; es que nuestro vocabulario y ortografía se empobrecen; es que nuestra capacidad expresiva termina cargándose de vaguedad y de imbecilismos, esos ruidos que supuestamente significan algo pero que nadie sabe a ciencia cierta qué, y que plagan las conversaciones, donde cada quien cree que entendió y nadie sabe en realidad qué se dijo. Es que ni nuestra inteligencia ni nuestra imaginación están siendo estimuladas y, por consecuencia, perdemos competitividad, perdemos habilidad de responder a un mundo y a una realidad cada vez más demandante y retador.


LEER ES UNA HABILIDAD QUE HAY QUE APRENDER

El asunto, entonces, es transformarse en un lector eficiente. ¿Qué es un lector eficiente? Alguien capaz de leer entre 1,200 y 2,000 palabras por minuto con una comprensión superior al 90% y una fuerte retención de lo leído.

Para alcanzar estos niveles de velocidad de lectura (y queda claro que no se trata de un simple hojear la información, echar un vistazo a la página. Estamos hablando de leer todas las palabras de la página. Lo otro es una tecnología de prelectura), se precisa reentrenarnos para adquirir técnicas eficientes de lectura.

Una de ellas es la capacidad de leer por bloque, por frases y oraciones, en vez de leer palabra por palabra.

Imaginemos un renglón de 15 palabras. Si leemos palabra por palabra tendríamos que hacer 15 fijaciones para leer toda la línea. Sin embargo, si somos capaces de leer por bloque, expandiendo nuestro foco de lectura para ver simultáneamente cinco palabras en cada fijación, reduciríamos nuestras fijaciones por renglón a tres, un 20% del total, con lo cual aceleraríamos un 80% en velocidad de lectura y ambos, el eficiente, que lee el renglón en tres fijaciones, y el ineficiente que lo lee en 15 fijaciones, estarían leyendo las mismas 15 palabras y poniéndose en contacto con el mismo volumen de información. Lo que sucede es que uno va más rápido que el otro.

Al incrementar la velocidad de lectura, la información que llega al cerebro es mayor y, por ende, el cerebro se ve estimulado, se incrementa el nivel de atención. El volumen de información va tan rápido que no hay tiempo de distraerse. Si ayudamos al ritmo de lectura moviendo la mano para que guíen  a los ojos en la lectura renglón por renglón de la página, esa coordinación lecto-motora fortalecerá nuestra atención y aumentará la velocidad al leer.

Otra habilidad a desarrollar es cerrar el bucle imagen/palabra palabra/imagen. El cerebro piensa con imágenes. Al escribir, simplemente traducimos nuestras imágenes mentales en palabras. Las podemos traducir a otros lenguajes: el cinético, como en la danza; el fílmico, como en el cine; el pictórico, el fotográfico, el escultórico… Cada lenguaje nos llevará a una disciplina distinta, pero todos tienen el mismo origen, la imagen mental.

Al leer tenemos que invertir el proceso: tomar las palabras y traducirlas en imágenes. Eso significa activar y poner a colaborar de manera voluntaria, consciente, nuestros hemisferios izquierdo (que procesa las palabras) y derecho (el cual procesa las imágenes). Al cerrar el bucle imagen/ palabra palabra/imagen, completamos el ciclo de comunicación entre el escritor y su lector.


LA LECTURA EFICIENTE INCREMENTA EL NIVEL DE COMPRENSIÓN

Al incorporar la lectura con todo el cerebro, transformando en imágenes las frases y oraciones que leemos, se incrementa el nivel de comprensión y retención de lo leído.

Comprender, lógicamente, es entender, no estar de acuerdo. Al ponernos en contacto con juicios y opiniones, deducciones e inferencias, teorías e interpretaciones que hace el escritor, podemos discrepar de sus conclusiones. También podemos cuestionar la veracidad y autenticidad de los hechos que informa y que sirven de fundamento y base a sus opiniones y conclusiones. Eso nos lleva a desarrollar nuestra habilidad de lectura crítica, lo que es de capital importancia.

El volumen de información que recibimos suele ser apabullante. Y tenemos que ser capaces de procesarlo críticamente, cuestionando la información, cruzándola, evaluando la calidad de los datos, la calidad del juicio u opinión. Por igual es importante entrever los mensajes implícitos (no dichos de forma expresa, pero deducibles) e inferenciales (estrategias discursivas, objetivos que persigue el escritor), para tener una comprensión realmente integral de lo que leemos.

Es tan impropio aceptar acríticamente todo como descartar y rechazar acríticamente todo. Nuestro cerebro está hecho para discernir, evaluar, contrastar, juzgar y seleccionar. Son funciones mentales de nuestra inteligencia. Al validar la información que leemos contrastándola con otras fuentes, con nuestra experiencia, nuestro sentido común. Y siempre tenemos que estar abiertos a poner en cuestión nuestras propias creencias y opiniones si ellas se muestran erróneas; si hay datos relevantes que las contradicen y denuncian como falsas.

Por otro lado, al transformar frases y oraciones en imágenes, activando nuestro cerebro derecho de manera consciente, estimulamos nuestra memoria de largo plazo, memoria de imágenes, con lo cual se incrementa la retención de lo leído, la recordación.

La memoria, función cerebral por excelencia, opera por imágenes, porque es por imágenes que opera el cerebro. De ahí que traducir en imágenes lo que leemos no sólo incrementará la comprensión sino sobre todo la retención. Y aquí no importa que lo que imaginemos sea realista. De hecho, la memoria funciona mejor con lo exagerado, alocado, disparatado, fuera de lo común: lo que se aparta de la rutina, de lo cotidiano.


¿POR QUÉ ESTE TEMA ES IMPORTANTE?

Estamos en las puertas de una revolución del conocimiento. Por primera vez en la historia, gracias a la digitalización y a la Internet el libro ha dejado de ser una mercancía exclusiva de los segmentos más pudientes y preparados de la sociedad. Ahora los libros están masivamente disponibles de manera gratuita en la Internet.

El asunto es que si la información está cada vez más asequible y gratuita, los hábitos ineficientes de lectura nos impiden aprovecharla, apropiarnos de ella, emplearla en nuestro propio beneficio y en beneficio de la sociedad.

No es la propiedad sobre un libro lo que nos conviene: es su lectura. Se pueden poseer miles de libros… ¿y? Lo que usted lee es lo que cuenta, porque es la información que ingresó al sistema.

Las sociedades dependen hoy del nivel de apropiación y empleo productivo y creativo de la información. Eso y no otra cosa es lo que significa la Sociedad del Conocimiento. Y es imposible con niveles ineficientes de lectura apropiarse de nada.

En una nota aparecida en el periódico español El País, que comenta un estudio aparecido en la revista Science, se difunden datos que aturden. Se tomó el 2000 como el inicio de la era digital de almacenamiento. Y en sólo un año, la capacidad de almacenar información digitalmente sobrepasó en toda la capacidad de almacenar información analógica en toda la historia humana. Eso es sorprendente. Se considera que la transición tecnológico-digital está a punto de terminar. En el 2007 ya estaba en formato digital el 94% de la información. Contamos con 315 más información que granos de arena.

Quienes con mayor eficiencia y eficacia se apropien y aprovechen este caudal de información disponible, cuyos únicos limitantes hoy son la capacidad de procesar información a alta velocidad, lectura súper rápida o superlectura; y la capacidad de leer en otros idiomas, en particular el inglés (aunque los traductores han facilitado bastante leer material en otros idiomas), serán los individuos y las sociedades que avancen con mayor rapidez en el nuevo entorno social de la Era del Conocimiento.

Si no somos capaces de entender lo anterior, y persistimos en vivir de manera rutinaria y sumidos en nuestras mezquindades y atrasos, nos estaremos incapacitando para poder sobrevivir en un mundo en que la ignorancia, más que nunca, nos transformará en subhumanos, ineptos para insertarnos en un mundo al que por nuestra incuria y nuestra irresponsabilidad renunciamos y al que será cada día más difícil que podamos insertarnos.


0 comentarios: