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Sobre envidia y envidiosos....

La Envidia y los Envidiosos
Con el cariño de siempre a quienes disfrutan de este vil sentimiento

Por: Edgar Omar Ramírez

Vivimos en un mundo en donde el individualismo ha cerrado las puertas a la solidaridad y el amor por el prójimo. Estamos en una época en la que antivalores se asientan en nuestros hogares, en las escuelas y obtienen carta de ciudadanía en nuestra sociedad.

Este símbolo del Postmodernismo no es propio de la sociedad actual, sino que ha tenido presencia desde que el hombre habita la tierra. Sin dudas que uno de los más perniciosos de estos anti-valores es el conocido como ENVIDIA.

Esta es considerado como uno de los 7 Pecados capitales(llamados de esa manera porque son causa de otros pecados, otros vicios). Dante Alighieri en la parte de su obra cumbre, “Dante”, conocida como el poema de El Purgatorio, define la envidia como "Amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos." Establecía que el castigo para los envidiosos sería el cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.(Que bien caería ese castigo para algunos hoy día).

La verdad que son miles las páginas y cientos los literatos, filósofos, científicos que han discurrido reflexionando sobre esta enfermedad, sentimiento, emoción, pecado que ocupa al ser humano no dejando que se desarrolle y prospere, incluso algunos han inventado el concepto de “Envidia Sana” para disminuir el impacto negativo que, en su propia personalidad, ha tenido y tiene esta desgraciada emoción.

De los siete pecados capitales es probable que el que más daños y desgracias, crímenes y guerras ha provocado es la envidia. Cuando se trata de uno de los otros, como la pereza, nos es perfectamente lícito mostrarla en diferentes circunstancias, y la gula —siempre y cuando sea la ajena—, más que escandalizar, nos produce risa. Pero a lo que a la envidia se refiere no nos gusta manifestarla abiertamente. Sin embargo cuando hacemos algo que es guiado por la envidia, no podemos ocultar nuestras intenciones y los demás enseguida notan nuestra pequeñez moral.

La envidia es una emoción prácticamente universal, y para no abrigarla se requiere de una singular constitución moral. Las condiciones que generan la envidia también son prácticamente universales, y se puede asegurar que nadie, por más favorecido que sea por la fortuna, lo es en todos los aspectos. Siempre habrá otros a quienes se les pueda envidiar algunos bienes.(dinero, salud, talento, salud, relaciones familiares y amistosas, etc.)

Varias veces hemos escuchado que la razón y la risa diferencian al hombre del animal. Se puede decir que “La Envidia” se muestra a través de dos vertientes y ambas pertenecen a la especie humana. Una de estas vertientes se puede expresar en positivo “yo quiero tener lo mismo que tiene aquél”; la otra en negativo “yo no quiero que aquél tenga más que yo”. La diferencia entre estas dos facetas de la envidia es muy clara; ambas, por lo regular, se presentan en forma conjunta e inseparable.

Mientras los animales luchan y compiten por el acceso a distintos bienes-alimento o de sexo-, con la diferencia de que una vez satisfecha la carencia de estos ni siquiera se inmutan, ni se le ocurrirá pelear con un congénere. Algo diferente ocurre con las personas; las necesidades humanas no tienen límites fisiológicamente definidos y por tanto vemos con frecuencia que hay personas que sienten que nunca tienen nada suficiente: ni suficiente fama, ni suficiente dinero, ni suficiente éxito, ni suficiente reconocimiento. Pero este sentimiento de carencia puede resultar en el desarrollo de la capacidad para el irrestricto incremento de las necesidades, esto puede provocar un aumento en la creatividad o que dicha insatisfacción puede llegar a convertirse en una sensación de invalidez.

La envidia, a pesar de ser una emoción puramente humana, no constituye un simple reflejo, como lo son el miedo y el hambre; al parecer, surge de manera natural y espontánea, tal como si actuara bajo el apremio de las circunstancias. Es claro que es imposible calcular cuánta envidia hay en la sociedad; tampoco podemos esperar que se pueda determinar, a través de las encuestas, en la hasta que punto la envidia arropa a la sociedad o a sus miembros.

Es posible que podamos percibir como la envidia afecta a las personas en función de sus conductas y logros en un determinado círculo social. Por ejemplo; Un escritor puede sentirse agobiado si ve un colega recibir un premio. Tal vez si un comunicador o periodista ve que otro de su gremio tiene más credibilidad o audiencia puede sentir deseos de ahorcarlo. Pero si es Periodista y el otro es Catedrático Universitario no se concibe que el primero sienta envidia. Ahora si eres un profesional poco reconocido o con poco éxito o poco reconocimiento social, seguro que la carcoma roerá no sólo tus huesos, sino que se encargará de destruir tu autoestima, y termina de corroer tu alma.

Es justo decir que la sola aspiración de igualar a los demás, a los que han alcanzado algún éxito, no es nociva ni destructora, siempre y cuando estimule a un mayor esfuerzo. Ahora esta aspiración se convierte en nociva y destructora cuando a lo que aspiro es a que a nadie le vaya mejor y cuando todo mi esfuerzo se encamina a querer perjudicar a ese otro que ha demostrado ser más eficaz, más exitoso, con la esperanza de poderlo reducir a mi propio nivel de manera que estemos “parejos”. Si nos detenemos un poco en nuestro diario trajinar veremos esto a diario. “Qué nadie duerma tranquilo/ mientras yo dormir no puedo” —por tan sólo citar un verso de Staff.

Pero habría que preguntarse si la envidia es una emoción a la que se puede combatir. Pienso que es una tarea absurda si la misma ha llegado a convertirse en un movimiento social. Entonces sólo podemos intentar descargarla, no importa si está o no sustentada en pretensiones legítimas, pero lo más seguro es que la envidia como tal sea indestructible. En cambio, en el caso de la envidia individual, a ésta sólo se le pueda debilitar a través de la razón o inteligencia.

Finalmente la envidia no perjudica mayormente a aquel contra quien va dirigida, ya que él fácilmente podrá pasarla por alto con sólo ver que el envidioso no hace más que poner en ridículo a su propia persona. A quien en verdad esta le hace daño, es al mismo envidioso, al mismo tiempo vez que le produce tormentos. Según reza un popular adagio alemán: “La envidia es una pasión que afanosamente va en pos de todo lo que causa sufrimiento”.

En consecuencia, si por algo son infelices los envidiosos se debe a su propia culpa. Para el sabio griego Antísténes- el cínico- “al envidioso su propio carácter los corroe tanto como la herrumbre al hierro”. Si siguen viviendo con esa tonta y absurda emoción, jamás les será dado beber de ese vino de la vida que tanto anhelan y al que tanto aspiran, pues viven más pendiente de los demás que de sí mismos.(Continuará)

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