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Un giro a nuestros actos patrios..

Hoy como en otras ocasiones conmemoramos el natalicio del Prócer Juan Pablo Duarte. Justo reconocimiento a la entrega y el sacrificio de este grande hombre. Más aún, pleitesía y como siempre llamado de atención al legado, al ejemplo de quién fue y sigue siendo modelo, paradigma de un vida honesta, pulcra, valiente y entregada por los mejores intereses de toda una colectividad.
Un Te Deum encabezado por el Padre Benito Ángeles, un desfile como siempre con la solemnidad y el respeto característicos de nuestras instituciones castrenses, depósito de coronas de flores que dejan constancia de la presencia de las instituciones públicas y privadas y un discurso cargado de emotividad y patriotismo que en esta ocasión fue responsabilidad de un educador, el Rector del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, Prof Pedro A. Eduardo Gutiérrez. El canto a la Patria, el himno al Patricio émulo del maestro y los honores de estilo con esa carga de emotividad que le imprimen nuestros hombres y mujeres de armas, y uno que otro grupo de estudiantes. Esto y otras cosas se repiten cada año.
Hasta aquí todo bien, todo perfecto y comprensible. Sin embargo, me asalta la misma duda, la misma preocupación que hace tiempo viene ocupando mis pensamientos; a quién va dirigido el símbolismo que encierra esta conmemoración? Es a nosotros los que por momentos representamos de manera circunstancial una institución?

A los maestros de Educación Física que, de manera obligada, cada año se ven obligados a llevar decenas de estudiantes?

A los pocos ciudadanos que sienten el deber de acompañar a los que por obligación acuden a estas conmemoraciones? Creo debemos redefinir el objetivo, buscar la esencia y establecer el propósito.
Si bien es cierto que los mayores, nosotros los adultos, tenemos oportunidad de seguir y mantener viva la memoria de nuestros héroes fundadores. No menos cierto es que también es nuestra la obligación de servir de ejemplos a las generaciones venideras. Estos actos cada vez más se van convirtiendo en una actividad sin sentido y sin dirección. Me parece que es necesario buscar alguna estrategia que permita que el mensaje llegue a los más jóvenes, sino estaremos cada año reproduciendo este "hacer por hacer".
Es deprimente el espectáculo que montan los estudiantes que desde que llegan a la explanada del Parque Duarte se dispersan, forman grupos y parecen "chichiguaos". A lo que menos le prestan atención es a los discursos y su mente oscila entre el "esquimalito" para atacar el infernal calor y el deseo por marcharse para aprovechar un día más fuera de las aulas.
Creo que una medida podría ser que cada año el disertante sea algún estudiante meritorio de uno de nuestros centros educativos, quizás por ello de la "solidaridad" entre pares, entre los miembros de la "pandilla" los más jóvenes pongan atención a lo que allí se diga. Otra opción podría ser que se hagan las actividades de homenaje y recordación(misa, desfile y depósito de flores en el Parque) y luego que se trasladen aquellos que les interese a algún local donde se dicte una conferencia con el rigor y el ambiente adecuado.

No podemos seguir en este porque al final "hasta la belleza cansa" y a lo anterior se van sumando cosas como las de hoy que casi todas las banderas que adornaban la Plaza estaban colocadas al revés. No se si fueron puestas así a propósito o si la desidia, la desgana y desinterés le ganó la batalla al responsable. Lo cierto que es de mal gusto ver ese deprimente espectáculo que al final fue salvado, un poco, por la disertación más propia de una Sala que de un Parque.
Ojalá que el Centro Duartiano, la Subcomisión de Efemérides Patrias, los Historiadores, los Intelectuales, los Catedráticos, los Profesores de Ciencias Sociales, las autoridades educativas, se puedan reunir e ir reflexionando sobre si vale la pena seguir realizando estos actos patrios de la manera que se desarrollan cada año o si es posible dar un giro que permita que nuestras nuevas generaciones comprendan, interioricen y asimilen la importancia de los mismos y de las figuras o hechos que conmemoramos o rendimos homenaje.
(Fotos Cortesía Fabio Montes de Oca)

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