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Oda a Santomé...y a sus Héroes..


Era el año 70, apenas se iniciaba el segundo período de los “Doce Años”…Se organizó un concurso en conmemoración del 115º Aniversario de la Batalla de Santomé. El ganador fue nuestro hermano mayor (Ramón Ernesto Ramírez Read-Ramón Bola)…En ocasión de recibir el premio de manos del Dr. Víctor Gómez Bergés (Secretario de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos), escribió estas palabras que fueron pronunciadas en el acto celebrado en la Sabana de Santomé. Hoy, 39 años después las reproduzco como un justo homenaje a su memoria. Descanse en paz, Hermano, al menos el ejemplo de tu vida no fue en vano para quien esto escribe.
LA BATALLA DE SANTOMÉ
(Un Poema en Prosa en memoria de sus héroes)
Al conmemorar el 115º (156º) aniversario de la BATALLA DE SANTOMÉ, devoto me poso ante el “Ara Sagrada” donde viven mis recuerdos para entregar al santuario de su memoria este fruto de mi huerto espiritual.
Yo comparezco ante esta cita del patriotismo, en representación de la juventud sanjuanera, para cumplir con inocultable sensación de deleite cívico y con tan limpio caudal de amor a la Patria, que fío en ellos toda la inspiración de mi palabra.
esulta difícil tarea retraer los acontecimientos ocurridos 115 (156) años atrás, postrarlos delante de nuestro intelecto y hacer un juicio claro, preciso y objetivo. Pero ayudado por la excelsitud que fulgura en la esplendorosa conmemoración de la BATALLA DE SANTOMÉ que trae un nuevo gajo de laurel para acrecer con su tributo, el acervo de nuestras luchas emancipadoras y la permanente preocupación por preservar y hacer intangible nuestro feudo soberano, a base de hechos fecundos de paz y de esfuerzos constructivos, yo emitiré (emito) mi somero juicio sobre dicha gesta patriótica.
Desde mi mocedad he oído hablar con marcado entusiasmo y amor sobre una de las más heroicas y dignas consagraciones del patriotismo nacional: LA BATALLA De SANTOMÉ, librada el 22 de diciembre del 1855.
Este minucioso recuento de tan glorioso hecho histórico tiene como firme propósito la
exaltación del mismo, la de su figura cumbre el General José María Cabral y su significación histórica.
Para todos nosotros que somos dominicanos y en especial sureños, este día tiene un significado señero y sublime, pues marca un eslabón más en la cadena de acontecimientos que promovieron la definitiva independencia de nuestra Patria.
Hay unas pinceladas de suavidad tan subyugadoras en esta celebración de la Batalla, que importa realzar su significado y comunicarle todo su vigor y colorido, porque en esencia no hay mejor sujeto de exaltación y de justiciera pleitesía en una celebración de tan límpido linaje, que los que lucharon con coraje y amor, en las guerras libertadoras que culminaron con la Independencia Nacional.
Hoy demostramos que sabemos condecorar a los héroes, exaltar virtudes, premiar talentos, admirar patriotismo y valentía y rendir pleitesía a los que en la escena de nuestro país, han logrado una categoría superior, a quienes con acendrados sacrificios mantuvieron latentes el baluarte de nuestra soberanía.
Celebramos hoy no una victoria de partes, para una celebración de libertad simbolizando el final así como el principio, simbolizando una renovación así como un cambio.
En la historia del mundo solamente a algunas generaciones se le han otorgado el papel de defender su libertad en sus momentos más difíciles o en sus horas de máximo peligro. Esos hombres que hoy honramos no retrocedieron ante esta responsabilidad, ellos le dieron la bienvenida.
Exhorto a los presentes(lectores) a deponer las mundanas fatigas y preocupaciones e internarnos en el encanto sutil de esta reminiscencia patriótica.
En los años anteriores a 1855 el malestar político se acentuaba cada vez más y el descontento público casi se manifestaba sin embozos contra el sistema de reprimirlo todo con arbitrarios golpes de fuerzas.
Junto al pavoroso espectro del pasado había que colocar el amenazador problema del presente. En conocimiento el General Santana de que el Emperador Soulouque organizaba en 1855 una nueva invasión contra la República, se dirigió sin dilación a Azua, dejando encargado del Poder Ejecutivo el Vicepresidente Regla Mota, quiñen dictó dos(2) Decretos:
1- Llamando a las armas a todos los dominicanos de dieciocho a sesenta años.
2- El contentivo de la declaratoria de sitio en todo el territorio nacional.
El General Santana dividió nuestro ejército en dos cuerpos. Uno salió sobre San Juan a la cabeza del cual iba el General Juan Contreras, y otro se dirigió hacia Neyba, bajo las órdenes del Francisco Sosa.
Mientras que en nuestro país eran ultimados los detalles de la estrategia de defensa, el Emperador Soulouque con un ejército de 30 mil hombres se había apoderado, después de algunos combates de los pueblos de Neyba y Las Matas de Farfán.
El eco de esta noticia repercutió más allá del deseo de ser libres e inmediatamente nuestras fuerzas se aprestaron para desvanecer los sueños de dominación del cerebro de los invasores.
Había llegado el día de tan patriótica recordación para las armas dominicanas, el 22 de diciembre de 1855. El día en que el General José Mª Cabral, Jefe de la vanguardia del cuerpo del ejército bajo las órdenes del General Contreras, batió gallardamente en la Sabana de SANTOMÉ a los haitianos; postró en combate singular de dos mandobles al General enemigo Antoine Pierre, Duque de Tiburón; cundió la noticia de la muerte de su Jefe entre los haitianos y con esta el desasosiego y la desesperación tendió su manto fúnebre con sabor a derrota sobre la frente de cada uno de los intrusos invasores. Vencidas quedaron allí una vez más las pretensiones de dominarnos nuevamente. El General Cabral apresó una pieza de artillería y una gran cantidad de equipajes militares y pertrechos, y dejó cubiertos de cadáveres de intrusos los secos pajonales de esa sabana, que, como dijo un vibrante escritor fenecido “Ardieron como inmensos pebeteros de su gloria”.
Merecieron especial mención en este brillante hecho de armas los Generales Cabral, Contreras y Pérez, el Coronel Puello y otros muchos oficiales, para cuya memoria guardará siempre la gratitud nacional el ramo de laurel que conquistaron por sus hazañas portentosas.
Los descalabros sufridos por el ejército haitiano en 1855 en Santomé y en 1856 en Sabana Larga persuadieron a Soulouque de que nada podía domar la voluntad del pueblo que se había abrazado al ideal de redención.
Tales son los pormenores de la BATALLA DE SANTOMÉ. La egregia figura del General Cabral sirvió de marco a tan glorioso episodio histórico. El Senado en nombre de la República resolvió, en mérito a los servicios prestados por el General Cabral a nuestra causa, ofrecerle una “espada de honor” con las inscripciones siguientes; de un lado de la hoja: GRATITUD NACIONAL y del otro: HONOR AL GENERAL J. M. CABRAL.
Además se dispuso la acuñación de monedas de oro para los Generales, Jefes y Oficiales que tomaron parte en las acciones de 1855 y 1856.
La BATALLA DE SANTOMÉ es una de las más grandes expresiones de amor y patriotismo. Ese amor y patriotismo que nos arrebatan el corazón y la mente y los eleva, ha inspirado éxtasis supraterrenal. A ese éxtasis que nos hace trasponer los umbrales del patriotismo, BATALLA DE SANTOMÉ eres la infinita condensación del más puro de los sentimientos, báñanos sutilmente con tu perfume deidificador. Haz que nuestras vulgares almas adquieran el excelso matiz que tienen tus campos esplendorosos. Tú, que sintetizas lo más casto, lo sublime, lo púber, lo virgen, aquello que no ha sido tocado por la idea ultrajantemente maliciosa del hombre, dígnate dejar que siquiera consignemos tus virtudes de inasequible divinidad. Pero además en una actitud imprecatoria rogamos que con tu candoroso influjo imprimas sentimientos bellos en la psiquis de los hoy constituidos en dominicanos libres e independientes.
No hay dudas de que el progreso de los pueblos no puede estar pendiente tan solo de las conquistas tangibles, sino en la suficiente madurez que se obtiene del estudio de su historia y que ha de ser el fruto perseverante de la conciencia con que los ciudadanos contribuyan a crear las bases de un futuro cada vez más estable y promisorio para el común aprovechamiento de quienes aman la Patria y se solazan con el lustre de sus lauros inmortales.
Por eso no quiero epilogar mis palabras sin unas reflexiones que pueden tener los resultados a veces insospechados de las semillas que lanzadas al voleo caen sin embargo, en las entrañas generosas de una tierra que las recibe con maternal cariño y permite una fecundación lozana y esplendorosa que revienta en sazonados frutos.
Nada ni nadie había podido apagar la sonrisa leda y franca del pueblo dominicano, ni siquiera los años bajo el yugo haitiano.
El sentido poético de Latinoamérica no había muerto en el pequeño terruño de DUARTE. Cada latigazo junto a la huella dolorosa tejió una sonrisa de optimismo. El dominicano-como el lirio silvestre- crece con más fragancia mientras más cerca del pantano nace. En nuestro país ninguna circunstancia ha destruido el deseo de ser libre y soberano. Ni la extinción de los Aborígenes, cinco siglos atrás, ni las guerras intestinas en los albores de su angustiosa história, ni el desfile de caudillos que por sed de gobernar han derramado tanta sangre, ni el extracto fluido de su empecinada oligarquía destructora de todos los intentos de democracia, ni la propia invasión de 1855, plagada de abusos y crueldades.
Lo que el General Cabral y sus compañeros nos dejaron fue más que una actitud, digamos simplemente que ellos miraron hacia el porvenir. Ellos no sabían que este les depararía, pero ellos sabían que hacia ese futuro era donde debían mirar. Solamente hasta cierto punto somos prisioneros del pasado, el futuro nos libera. Al igual que Ellos nuestra máxima preocupación debe y tiene que ser el devenir de las cosas. Debemos como ellos luchar por el presente para ofrecer, al igual que Ellos a nosotros, a nuestras generaciones venideras un futuro brillante y esplendoroso.
Nuestra historia es una historia hermosa porque es trágica, la historia más hermosa es la que registra más calamidades. Un proverbio sajón dice: “Las naciones felices como las mujeres felices no tienen historia…” Eso es cierto, CRISTO no es histórico porque naciera en un pesebre ¡No! La humanidad no repercute con el trueno. CRISTO es histórico por la trascendencia de su obra cuajada de martirios, de vejaciones y de sacrificio…Por lo mucho que padeció para difundir su doctrina. Su vida es inmensamente grande porque es inmensamente triste.
¡La historia, como la autopsia, dice la verdad sobre el cadáver!
Compatriotas: Mucho ha sido dado a nosotros y para nosotros, y mucho, por consiguiente esperado por nosotros. En nuestras manos está la defensa y el mantenimiento de esa Independencia y Libertad que se nos dio gallardamente el 22 de diciembre del 1855 en SANTOMÉ, defendámosla con la vida si es preciso.
“Recordemos que vivir sin Patria es lo mismo que vivir sin honor” y que “Trabajar por y para la Patria, es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos” Como expresara el Creador de la República y el más grande de todos los Dominicanos: JUAN PABLO DUARTE.
Por: RUBY(Ramón E. Ramírez Read)
San Juan de la Maguana, R.D.
11 de diciembre del 1970.-
Año Internacional de la Educación


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