ShareThis

Momentos Felices (Gabriel Celaya)

Momentos Felices (Gabriel Celaya)
Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?
Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?
Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro —sé que todo es fiado—,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?
Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es la felicidad lo que amanece?
Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?
Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?
Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
«Estaba justamente pensando en ir a verte».
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?
Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

¿Es el francés un idioma global? Vea estos datos...

Todos aquí parecen ignorar por completo la realidad. El Francés es hablado en todos los continentes, comparte con el inglés la distinción de ser enseñado como un idioma extranjero en los sistemas educativos de la mayoría de los países del mundo y es, por lo tanto, la segunda lengua extranjera más aprendida en el mundo, con casi 120 millones de estudiantes y 500,000 maestros.
El francés es uno de los idiomas de trabajo de las Naciones Unidas, es uno de los tres idiomas procesales de la Unión Europea , y el único idioma utilizado para las deliberaciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, es el idioma oficial de la Unión Postal Universal, es uno de los idiomas de trabajo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Consejo de Europa, la Unión Africana (UA),la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA).
El francés desempeña un papel especial en la vida deportiva internacional como idioma oficial del Comité Olímpico Internacional y, por ende, de los Juegos Olímpicos. Francia y los países francófonos desempeñan un papel activo en la economía mundial, representando alrededor del 20% del comercio global.
Canales de medios internacionales TV5Monde (55 millones de espectadores semanales), France 24 (45,4 millones de espectadores semanales) y RFI (40,1 millones de oyentes) el francés es el tercer idioma más utilizado en Internet.
La capacidad de comunicarse en francés e inglés es una preferencia en el mercado laboral global. Canadá y Francia conforman una de las mayores industrias aeroespaciales de la tierra.
Una información del francés abre las puertas de las organizaciones francesas en Francia y otras partes del mundo (Canadá, Suiza, Bélgica…) Como la quinta y décima mayor economía del mundo Francia & Canadá son un socio monetario clave para cualquier país de la tierra.
Es el lenguaje de la cultura y por lo tanto el idioma global de la cocina, el teatro, las artes visuales… una información en francés ofrece acceso a trabajos extraordinarios de escritura y películas.
La comunicación en francés abre las vacantes en prestigiosas universidades francesas y canadienses, así como escuelas de negocios, ubicadas entre los mejores establecimientos de educación superior en Europa y el mundo. Graduarte de una universidad canadiense quiere decir que su titulo será reconocido globalmente.
La capacidad de comprender el francés ofrece una perspectiva electiva del mundo a través de la correspondencia con hablantes de francés de todo el mundo y noticias de los principales medios de comunicación globales en francés.
Es el idioma del amor!!
La membresía de la comunidad francófona, que representa el 15% de la riqueza mundial y una décima parte de sus tierras agrícolas, es, por lo tanto, una fuente de gran potencial.
Si miramos al futuro, África es ya en la actualidad vista como un lugar importante para la comunidad francófona, continente un gran potencial de desarrollo, se calcula que en el 2050 alcanzará los 850 millones de personas que lo hablarán.
Vive la Francophonie !

Seis claves para entender el peor estallido racial de EEUU en 50 años

Seis claves para entender el peor estallido racial de EEUU en 50 años
Jun 5 2020
Por Pedro Rodríguez*

MADRID, 5 jun 2020 – En la monumental sede de los Archivos Nacionales en Washington se pueden visitar algunas de las más trascendentales reliquias de la historia de Estados Unidos.

Entre esa colección de documentos fundacionales del sueño americano destaca la Declaración de Independencia, encargada teóricamente a un comité parlamentario pero redactada en su mayor parte por el tan genial como contradictorio Thomas Jefferson de Virginia, quien más tarde se convertiría en el tercer presidente de la joven república americana.

El texto, ratificado por el Segundo Congreso Continental el 4 de julio de 1776, sirve para múltiples propósitos: memorial de agravios contra el colonialismo inglés, alegato contra la tiranía y proclama revolucionaria. No es la Constitución de 1787.

Se trata más bien de una declaración de principios democráticos pero sin resultados garantizados: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Estas incumplidas promesas, tan originales como engañosas al venir desde el minuto cero acompañadas de la tolerada lacra de la esclavitud, ayudan a explicar el cúmulo de frustraciones preexistentes a las violentas protestas repetidas en decenas de ciudades de Estados Unidos desde hace más de una semana.

Los disturbios, en una coyuntura tan crítica para Estados Unidos, no tienen solamente que ver con la muerte en particular del afroamericano George Floyd después de que un agente blanco, al detenerle el pasado 25 de mayo en Minneapolis por supuestamente utilizar un billete falso de 20 dólares para comprar cigarrillos, le aplastase el cuello durante 8 minutos y 46 segundos.

El peor estallido racial sufrido por el gigante americano en 50 años puede entenderse también como la consecuencia inevitable de una profunda y dolorosa crisis de desigualdad.

El pecado original
La esclavitud es conocida como el pecado original de Estados Unidos en una saga de sufrimiento que comenzó hace 400 años. En agosto de 1619, un barco holandés desembarcó en la colonia inglesa de Virginia a más de veinte africanos cautivos. América todavía no era América pero no se puede entender a Estados Unidos sin los 250 años de esclavitud que siguieron a ese primer desembarco en Jamestown junto al consiguiente supremacismo blanco.

Adam Smith en The Wealth of Nations identificó la llegada de los europeos al Nuevo Mundo a partir de 1492 como uno de los mayores eventos en la historia de la humanidad.

El genio liberal escocés tenía claro que el llamado “descubrimiento” de América había producido enormes beneficios, sobre todo para las potencias coloniales de Europa, y también enormes perjuicios e injusticias para otros pueblos sin Estado.

Especialmente para los nativos americanos y para millones de africanos, la conquista de América supuso el descenso hacia el infierno de la esclavitud.

El profesor Eric Foner, en su elocuente manual de historia americana Give me Liberty, explica que entre 1492 y 1820 más de diez millones de hombres, mujeres y niños procedentes de África cruzaron el Atlántico con destino al Nuevo Mundo, la gran mayoría como esclavos.

En Estados Unidos, donde la esclavitud marcaría desde antes de la independencia diferencias difíciles de reconciliar entre el Norte y el Sur, toda esta mano de obra cautiva fue empleada sobre todo en el especulativo cultivo de algodón. Para 1860, en vísperas de la guerra civil americana, el valor de todos los esclavos en Estados Unidos era superior al valor combinado de todos los ferrocarriles, factorías y bancos de la nación.

En este proceso, la esclavitud se integró en el diseño político de Estados Unidos. Para ganarse el respaldo de los futuros Estados sureños, con grandes plantaciones e incontables esclavos para su cultivo, de la Declaración de Independencia tuvo que desaparecer la acusación de que la monarquía británica había impuesto la lacra de la esclavitud a sus colonias americanas.

Y para sacar adelante la Constitución de 1787 se utilizó el Three-Fifths Compromise. A efectos del censo federal, un esclavo sería contabilizado como las tres quintas partes de un hombre libre, lo que garantizaba el peso específico dentro de la Unión de la miserable demografía de los Estados.

A pesar de todos estos intentos de proteger y mantener esta tragedia descrita en términos moralistas como el defecto de nacimiento de Estados Unidos, la esclavitud llevó a la secesión de los Estados del Sur en 1861. Y el pecado original tuvo que ser expiado a través de una brutal guerra civil que costó la vida a un 2,5 por ciento de la población americana, en torno a un millón de víctimas mortales.

Al final del destructivo conflicto, se aprobaron las enmiendas XIII, XIV y XV de la Constitución de Estados Unidos. Estas reformas se concentraron en la abolición de la esclavitud, ciudadanía y derechos políticos para los esclavos. Una rectificación sin compensación alguna que, sobre todo en el Sur, relegó a los afroamericanos a una posición marginal.

Esa histórica desigualdad fue el foco de la lucha por los derechos civiles a mediados del siglo XX y pese a los avances logrados todavía lastra a la sociedad americana.

Como ha argumentado Annette Gordon-Reed, profesora de Historia de Harvard, el fenómeno de la esclavitud no se puede desligar de la supremacía blanca:

“La esclavitud en los Estados Unidos creó un grupo definido y reconocible de personas y las colocó fuera de la sociedad. Y a diferencia de la servidumbre por contrato de los inmigrantes europeos a América del Norte, la esclavitud era una condición hereditaria. Como resultado, la esclavitud americana estaba inexorablemente ligada al dominio de los blancos. Incluso las personas de ascendencia africana que fueron liberadas por una u otra razón sufrieron bajo el peso de la supremacía blanca que la esclavitud basada en la raza arraigó en la sociedad estadounidense”.

2. La dolorosa desigualdad americana

Una de las imágenes más sobrecogedoras de la pandemia de coronavirus se registró el pasado mes de abril en la ciudad de Nueva York. Se trataba de una fosa común excavada en la isla de Hart, un enclave del Bronx utilizado para dar sepultura a los cuerpos no reclamados por nadie en las desbordadas morgues de la Gran Manzana.

Estas tareas de sepultura tradicionalmente las realizan presos de la cercana prisión de Rikers. Y estadísticamente, los afroamericanos tienen muchas más probabilidades de terminar en la isla de Hart como enterradores o enterrados.

El estallido racial en Estados Unidos debe entenderse como parte de la corrosiva crisis de desigualdad agravada por la pandemia de coronavirus. Los afroamericanos (y también los hispanos) son los que de forma desproporcionada están sufriendo la pandemia de la covid-19.

Ya sea en su condición de víctimas del virus o damnificados de la subsecuente crisis económica.

De acuerdo con The Economist, aunque los guetos contra los que luchaba Martin Luther King en los sesenta ya no existen como tales, Estados Unidos se mantiene profundamente segregada tanto por la clase como por la raza a pesar de ser un país fundado con las mejores intenciones igualitarias.

3. La peor parte

No hay indicador social –desde fracaso escolar hasta desempleo– en el que los negros de Estados Unidos no salgan claramente perdiendo. De todos los frentes de esta desigualdad, el económico es el más doloroso y fácil de cuantificar.

Según ha recalculado The Financial Times, en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, los niveles de desempleo de los afroamericanos han sido típicamente el doble del paro registrado entre los americanos blancos.

Con todo, durante los últimos 10 años se han materializado algunos progresos en la reducción de la brecha gracias al casi pleno empleo en la economía de Estados Unidos que precedió al estallido de la covid-19.

El gran problema de los afroamericanos es que la crisis del coronavirus ha fraccionado la fuerza laboral de Estados Unidos, y también de otras economías avanzadas, en tres grupos: los que han perdido sus trabajos o al menos alguna parte de sus ingresos; los que son considerados trabajadores “esenciales” que deben seguir trabajando durante la crisis (con riesgo para su propia salud); o los que son teletrabajadores del conocimiento virtual cuyas vidas apenas se han visto afectadas. Los afroamericanos han caído desproporcionadamente entre los dos primeros grupos.

Como recuerda el consejo editorial del Financial Times al diseccionar las dos Américas de George Floyd, la población negra de Estados Unidos se lleva con diferencia la peor parte de la pandemia:

“Si bien se han enfrentado a pérdidas de empleo sin precedentes, también ha estado en la primera línea de la crisis como trabajadores esenciales, a menudo en empleos inseguros o mal pagados. Han estado más expuestos al virus, ya sea a través del trabajo o por vulnerabilidades de salud, ya que las personas que no tienen acceso a una atención sanitaria de calidad, a una nutrición o a una buena vivienda corren un mayor riesgo. Como resultado, los afroamericanos han sufrido tasas de infección y mortalidad superiores a la media”.

Por su parte, la televisión pública de Estados Unidos, PBS, ha publicado dos listas para ilustrar hasta qué punto los afroamericanos tan victimizados por abusos policiales no están adecuadamente representadas en las diferentes instituciones del gobierno americano:

Primera Lista:George Floyd, Donnie Sanders, Breonna Taylor, William Howard Green, Christopher Whitfield, Atatiana Jefferson, Channara “Philly” Pheap, Ryan Twynman, Isaiah Lewis, Marcus McVae.
Estos son los nombres de los diez hombres y mujeres de color que resultaron muertos en Estados Unidos durante los últimos meses en circunstancias más que cuestionables al cruzarse con la Policía.

Segunda Lista:Hiram Revels, Blanche Bruce, Edward Brooke, Carol Moseley Braun, Barack Obama, Roland Burris, Tim Scott, WIlliam “Mo” Cowan, Cory Booker, Kamala Harris.
Esta es la lista de todos los hombres y mujeres de color que han ocupado un escaño en el exclusivo Senado de Estados Unidos. Solamente diez en toda su historia.

En términos de diversidad en la política de Estados Unidos, los afroamericanos tienen un problema de adecuada representación:

Censo de Estados Unidos: los afroamericanos representan el 13 por ciento de la población total de Estados Unidos.
Casa Blanca:Solamente un 4 por ciento de los miembros del gabinete de Trump son negros (es decir, el secretario de Vivienda Ben Carson entre los 23 puestos con rango ministerial).
Cámara de Representantes:En la Cámara Baja de Estados Unidos, los afroamericanos tienen una representación casi proporcional con un 12,5 por ciento de sus miembros.
Senado:El porcentaje baja a un 3 por ciento, solamente 3 senadores negros de 100.
Cortes Federales:Aproximadamente un 13 por ciento de los jueces federales son negros.
Gobernadores:Entre los 50 Estados de la Unión no hay en estos momentos un solo gobernador negro.
Legislaturas estatales:Solamente el 9 por ciento de los legisladores estatales son afroamericanos.
Alcaldías de las grandes ciudades de Estados Unidos:De los 50 municipios más poblados, 11 tienen alcaldes negros.
Brutalidad policial
Durante el actual brote de protestas y disturbios contagiados a más de un centenar de ciudades americanas, además del grito I can’t breathe, la otra consigna más repetida es Hands up, don’t shoot (manos arriba, no disparen).

De esta forma se intenta llamar la atención sobre el número anormalmente elevado de muertos en enfrentamientos con policías de Estados Unidos (1.099 personas el año pasado). En particular de afroamericanos, que tienen tres veces más probabilidades que los blancos de morir a causa de acciones policiales.

Cuando se consiguen formalizar cargos contra los agentes implicados en estos casos, los procesamientos que terminan en veredictos de culpabilidad y condenas de prisión son excepcionales.

En el capítulo de las muertes por disparos de policías, información que el Washington Post rastrea cuidadosamente desde 2015, 235 personas de raza negra fueron disparadas hasta la muerte el año pasado por agentes de la autoridad en Estados Unidos. Cifra que representa un 23,5 por ciento de todas las muertes a manos de policías, casi el doble del porcentaje de la población estadounidense que es negra.

El problema de la brutalidad policial contra afroamericanos, además, no es una cuestión necesariamente partidista.

Según recuerda The Economist: “Los disturbios raciales han estallado en ciudades dirigidas, como Minneapolis, tanto por los demócratas como por los republicanos. Black Lives Matter despegó mientras Barack Obama era presidente.

Los departamentos de Policía operan en gran medida de forma autónoma, lo que dificulta una reforma concertada. Abordar las causas fundamentales del encarcelamiento desproporcionado de negros es aún más difícil”.

4. La gran diferencia: Trump

Durante la primavera de 1970 –uno de los momentos en la historia de Estados Unidos de mayor fractura social por la guerra de Vietnam– se hizo necesario improvisar una barricada con decenas de autobuses municipales en torno a la Casa Blanca.

El Servicio Secreto, encargado de la seguridad del entonces presidente Richard Nixon, intentaba evitar un asalto de manifestantes y otra tragedia como la que había costado la vida a cuatro estudiantes en el campus universitario de Kent State. Toda la Policía local estaba desplegada en el centro de Washington, con refuerzos militares de la 82 División Aerotransportada.

Apenas tres generaciones después, la insurgencia parece que vuelve a campar por sus respetos en la capital federal. Aunque esta vez el ímpetu explosivo emanaría más bien de la Casa Blanca.

En sus tres años como presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha confirmado con creces su vocación de agitador-en-jefe. Dentro de su interesado fomento de toda clase de tensiones y divisiones, Trump ha jugado con fuego instrumentalizando de forma implícita y explicita el problema racial americano.

Al demostrar que no hacía falta ser inclusivo para ganar la Casa Blanca, su ganadora estrategia del Make America White Again (hacer Estados Unidos blanco de nuevo) que tanto sintoniza con el “nacionalismo blanco” ha terminado por contar con la silenciosa complicidad del Partido Republicano.

En política, el caos suele llevar al fracaso. Sin embargo, en la Casa Blanca de Trump la anarquía ha formado parte desde el primer minuto de su forma de hacer política.

Apelando a los peores instintos, y con la excusa del ajuste de cuentas contra las élites del nacionalpopulismo, Trump ha alimentado constantemente una guerra civil cultural a través de provocaciones más propias de un pirómano político que del presidente de una de las naciones con mayor diversidad racial del mundo.

Por supuesto, Donald Trump no es el primer ocupante del despacho oval que ha intentado politizar el problema racial de Estados Unidos.

Aunque la gran diferencia es que sus antecesores lo hicieron siempre con una mezcla de vergüenza y discreción. En este sentido, el trumpismo no se molesta en guardar las formas, olvidándose de la brújula moral requerida para alinear poder y valores.

5. El retorno a 1968

Descrédito internacional, violencia extrema, sobredosis de miedo e incertidumbre, retroceso económico, polarización política, protestas raciales y populismo desatado.

Por el principio de que la historia no se repite pero a veces rima bastante, la misma descripción a brocha gorda de Estados Unidos en 2020 se puede aplicar a 1968, el año que realmente nunca ha terminado para el gigante americano y que se ha convertido en la última fuente de inspiración electoral para Donald Trump.

Durante esta semana especialmente trágica, el ocupante a veces del despacho oval y otras del búnker de la Casa Blanca –según el nivel de bronca en torno al número 1.600 de la Avenida Pensilvania– ha demostrado su contumaz coherencia a la hora de anteponer intereses personales a los intereses nacionales.

En su último paroxismo populista, ante la intensidad del estallido racial sin comparación desde el asesinato de Martin Luther King, no ha dudado en autoproclamarse como el candidato de la ley y el orden, amenazando literalmente con la Biblia y el despliegue de tropas federales.

Para disimular su gestión de la pandemia, Trump ha copiado a Richard Nixon en su victoriosa campaña de 1968. Durante aquel memorable pulso presidencial, que transformó y fracturó para siempre la política americana, Nixon entendió que cuanto más violentos fueran los enfrentamientos raciales en Estados Unidos, y peores las noticias provenientes de Vietnam, mayores serían sus posibilidades de llegar a la Casa Blanca.

Además de inventarse y jugar con “mayorías silenciosas” y “estrategias sureñas”, Richard Nixon también contó con la maléfica perspicacia de un joven asesor llamado Kevin Philipps que le hizo saber que “el gran secreto” de la política americana no era otro que identificar quién odia a quién.

Con esas armas, y el cortejo a una minoría suficiente para ganar un segundo mandato, Trump también intenta utilizar el mismo secreto odioso que hizo posible Nixonlandia.

————————————–

*Profesor de Relaciones Internacionales y experto en la comunicación política de la Casa Blanca, de la Universidad Pontificia Comillas, España.Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation y divulgado por IPS.

Los seis consejos de George Orwell para escribir mejor

Los seis consejos de George Orwell para escribir mejor

  • Los seis consejos de George Orwell para escribir mejor
    Pie de foto: George Orwell pensando en si seguir sus cinco primeras normas o aportar a una sexta.
JAIME RUBIO HANCOCK
Tomado de El País
 A menudo se di­ce que no hay reglas para es­cribir bien. Pe­ro no es cierto. Por ejemplo, ayuda tener a mano las seis normas que propuso George Orwell. Las recordaba su hijo, Richard Blair, en una entrevista que le hizo Bernardo Marín y que publicó EL PAÍS días atrás.
1-Nunca uses una metá­fora, símil u otra frase he­cha que estés acostumbra­do a ver por escrito,
2. Nunca uses una pala­bra larga si puedes usar una corta que signifique lo mis­mo.
3. Si es posible eliminar una palabra, hazlo siempre.
4. Nunca uses la voz pa­siva cuando puedas usar la activa.
5. Nunca uses una expre­sión extranjera, una pala­bra científica o un término de jerga si puedes pensar en una palabra equivalente en tu idioma que sea de uso co­mún.
6. Incumple cualquiera de estas reglas antes de escribir nada que suene estúpido.
Orwell las incluyó en un ensayo titulado Politics and the English Language (La política y el idioma inglés), publicado en 1946 en la re­vista Horizon. El artículo criticaba sobre todo el len­guaje político, pero sus con­sejos se pueden aplicar a cualquier texto. Por ejem­plo, The Guardian lo citaba hace unos años para criticar cómo escribimos en inter­net. Y también puede servir para cualquier idioma, a pe­sar de que el punto 4, el que se refiere a la voz pasiva, se puede aplicar con más fre­cuencia al inglés.
Para el autor británico, esta preocupación por el lenguaje no es ni “frívola” ni “exclusiva de los escritores profesionales”. Cuando uno se libra de los malos hábi­tos al escribir, “puede pen­sar con más claridad y pen­sar con claridad es el primer paso hacia la regeneración de la política”.
Tópicos imprecisos
En opinión del autor britá­nico, los problemas prin­cipales de muchos textos son dos: las imágenes trilla­das y la falta de precisión. Cuando escribimos, hay que dejar que “el significa­do escoja a la palabra y no al revés”, afirma. Hay que hacer un esfuerzo y pensar antes de comenzar a jun­tar letras, para evitar así “las imágenes desgastadas o confusas, todas las frases prefabricadas, las repeticio­nes innecesarias, y las tram­pas y vaguedades”.
En los textos que criti­ca se acumulan “metáfo­ras moribundas”, de las que ya se ha abusado tanto que han perdido su significado. Pensemos, por ejemplo, en “arden las redes”. Otro vi­cio habitual, según Orwell, es el de usar términos pre­tenciosos con la intención “de dar un aire de impar­cialidad científica a juicios sesgados”, además de “pa­labras que carecen casi de significado”.
Por ejemplo, términos como democracia, socialis­mo, libertad, que a menudo se usan con “significados di­ferentes que no se pueden reconciliar entre sí”. No es lo mismo leer información sobre noticias falsas en un texto del New York Times­que en unas declaraciones de Donald Trump, que se ha apropiado de esta expre­sión, fake news, para cali­ficar todos los titulares que no le gustan.
Paradójicamente, otra palabra que no significa lo mismo según quien la utili­ce es orwelliano, usada por “críticos de todos los ban­dos”, tal y como publicaba el New York Times en un artículo que mencionaba que este texto es, junto con 1984 y Rebelión en la gran­ja, uno de los más influyen­tes de Orwell
Defender lo indefendible
Como ya hemos apuntado, a Orwell le preocupa espe­cialmente lo mal escritos que estaban los textos po­líticos, algo que no pode­mos decir que haya cam­biado mucho. Orwell pone ejemplos que suenan muy actuales, como hablar de “pacificación cuando “se bombardean poblados in­defensos desde el aire” o de “traslado de población” cuando “se despoja a millo­nes de campesinos de sus tierras”.
“Un orador que usa esa clase de fraseología ha toma­do distancia de sí mismo y se ha convertido en una má­quina” que intenta “defen­der lo indefendible”, escri­bía Orwell. Lo que consigue es que “las mentiras parez­can verdaderas y el asesina­to respetable”. Como recor­daba Steven Pinker en The Sense of Style, esta abstrac­ción tan vaga acaba deshu­manizando.
Cuatro preguntas
Es cierto que escribir mal es fácil: no hay que pre­ocuparse por cómo nos ex­presamos, solo hay que escoger expresiones del ca­tálogo de frases hechas. Pe­ro también lleva a que los textos sean desagradables e ineficaces.
En cambio, un escritor cuidadoso se hará al menos cuatro preguntas antes de redactar cualquier texto:
- ¿Qué intento decir?
- ¿Qué palabras lo expre­san?
- ¿Qué imagen o expre­
 sión lo hace más claro?
- ¿Esta imagen es lo su­ficientemente nueva como para producir efecto?
Y quizás incluso dos más:
- ¿Puedo ser más breve?
- ¿He dicho algo que sea evitablemente feo?
En caso de duda, siem­pre se puede recurrir a las seis normas antes mencio­nadas. Y sí, ya sabemos que nosotros, en Verne, también las incumplimos de vez en cuando. Haremos propósito de enmienda.
No, un momento, eso es una frase hecha.
Orwell y la posverdad
Los seis consejos de Orwell para escribir bien son muy conocidos, pero últimamen­te se habla bastante más de otro texto de Orwell: la no­vela 1984, que publicó en 1949, tres años después que La política y el idioma inglés. El clásico siempre ha sido popular (la primera adap­tación cinematográfica lle­gó en 1956), pero en los úl­timos meses se ha citado a menudo en referencia a la posverdad y a las noticias falsas. Un ejemplo: este frag­mento que podría explicar la diferencia entre una mentira y una posverdad.
La palabra clave de todo esto es negroblanco. 
Como tantas palabras de la nueva­lengua, tiene dos significa­dos contradictorios. Aplica­da a un contrario, significa la costumbre de asegurar descaradamente que lo ne­gro es blanco en contra­dicción con la realidad de los hechos. Aplicada a un miembro del Partido signi­fica la buena y leal volun­tad de afirmar que lo negro es blanco cuando la discipli­na del Partido lo exija. Pero también se designa con esa palabra la facultad de creer que lo negro es blanco, más aún, de saber que lo negro es blanco y olvidar que alguna vez se creyó lo contrario. Esto exige una continua alteración del pa­sado, posible gracias al sis­tema de pensamiento que abarca todo lo demás y que se conoce con el nom­bre de doblepensar .

El nuevo lenguaje de la juventud

El nuevo lenguaje de la juventud
POR DIÓGENES CÉSPEDES
El modismo ¿Quién te cotiza?, con el sentido discursivo de ‘quién apoya tus locuras’ tiene, por fuente evidente, el vocabulario técnico de la economía y las finanzas, o sea, del comercio. Lo gastado es el significado en este tipo de discurso; lo nuevo está en crear un sentido nuevo en el mundo de los sentimientos y las emociones.
No ocurre así con “Sopolto”, cuyo sentido es ‘Estoy de acuerdo, lo puedo hacer’, derivado servilmente del inglés ‘to support’, verbo que deriva también en sustantivo. Es obvio anglicismo usado en español con el sentido de ‘apoyar, apoyo’. Hoy cualquier empresa ofrece ‘soporte’ técnico luego de vender un producto cualquiera. Ese barbarismo tiene buena prensa entre los jóvenes que dominan la cultura tecnológica, pero carecen de cultura humanística. Los políticos copian el léxico tecnológico de estos jóvenes, pues también en su ignorancia humanística le atribuyen una magia y una superioridad a esta jerga. En ambos casos, políticos y jóvenes gerentes se encuentran en el plano de la cultura light.
La expresión “Te guayaste” por ‘te equivocaste, fracasaste’, sin la s, pero a veces aspirada en el registro verbal familiar, deriva de ‘guayo’ y de este se forma el verbo ‘guayar’. El significado del objeto de metal agujereado para uso culinario ha sido trasladado al ser humano y a la figura del cerebro agujereado, el cual no puede generar otra cosa que el error, la equivocación o el fracaso en el juicio. “Guayarse” es también sufrir el cuerpo o parte de este un raspón debido a una caída o arrastre violento. De ahí la extensión de fracaso. Ha creatividad en el sentido del discurso.
En cambio, “Te solté en banda” no es ninguna creación. Se deriva de la misma expresión que usan los muchachos en el juego de chichigua. Cuando dejamos la chichigua en banda, abandonamos toda esperanza de recuperarla. El hilo se ha enredado de tal suerte que es imposible, con el monigote, enderezarla y es preferible soltarla y con esto se pierde la parte de hilo que cortamos con una navajita o una chaveta que nos acompaña en este juego. Aplicado el sentido a personas, ‘es dejarla sola, dejar de prestarle atención’ y por sentido traslaticio, castigarla por algún error o desprecio cometido contra quien habla.
Tampoco es creación la expresión “Te saqué quisonda” cuyo sentido es ‘te saqué o excluí de mi vida’. Este, y la mayoría del léxico que forma parte del idiolecto que analizo, está ya documentado en el “Diccionario de dominicanismos” de Carlos Esteban Deive (Santo Domingo: Ediciones Librería La Trinitaria/Manatí, 2ª ed. 2002, 176)
La expresión “Tú si eres bultero-a” usada por los jóvenes con el sentido de ‘tú si eres mentiroso-a, deriva de un modismo ya viejo que tuvo curso en los años 70-80 y se lo aplicábamos los periodistas a los funcionarios reformistas que, para ganar bonos, se colocaban siempre detrás del jefe que en ese momento daba declaraciones a la prensa o estaban en un acto provocar.
Este tipo de funcionario, además de hacer bulto, era tipificado por los periodistas como chupacámaras, término acuñado en España para estos casos de narcisismo. Pero a veces quien hacía bulto, no necesariamente era un chupacámaras, sino que su función era mostrar lealtad al jefe a fin de que le tomara en cuenta en sus deseos de escalar posiciones burocráticas. A mi regreso de Europa en 1980, lo popularicé entre mis colegas de Ultima Hora y El Nuevo Diario. Hoy casi nadie lo usa, pues bultero-a lo ha sustituido, con el sentido traslaticio de mentiroso-a, pero que no incluye el de chupacámaras. En este sentido es una regresión semántica porque ha empobrecido el discurso, pues el antiguo vocablo incluía lo de persona falsa y narcisista, además de oportunista.
El modismo de reconvención social “Te pasaste de contento” con el sentido de ‘tu actitud fue exagerada’ parece una creación. Quizá se derive del estoicismo que siempre recomienda la actitud moderada ante todo, pero en este caso el significado de contento es el de censura ante la alegría exagerada, que entonces se convierte en ridiculez o algo grotesco o teatral, como lo expresa el siguiente modismo: “Te pasaste de maquillaje” por ‘te excediste’. Siempre la misma reconvención ante el exceso. Siempre el consejo de la moderación. Somos actores en el teatro de la vida y todo exceso con la máscara del maquillaje que portamos, es grotesco, exagerado y surte el efecto contrario de lo que buscamos.
Dice Quiroz que el tono es la diferencia que marca el hacerlo bien o mal cuando se le dice a alguien “Te la comiste”. El tono es un elemento del ritmo y este es la organización del sentido en el discurso. La frase tiene prosapia deportiva o al menos fue catapultada al lenguaje popular por Rafael Rubí, el mejor narrador de pelota que ha habito en el país. Vino de Cuna al final de la era de Trujillo y revolucionó el discurso deportivo. Tal o cual jugador se la comió cuando hacía una jugada espectacular, pero también, y en menor medida, cuando hacía una mala cuando la evidencia indicaba que el error había sido grande ante un batazo fácilmente atrapable. Del léxico deportivo pasó al plano de las distintas actividades sociales y así lo encontramos hoy en el discurso de los jóvenes que ignoran, posiblemente, su origen.
Es evidente que la expresión verbal “no estar en” es una copia del inglés “not to be in”, usada en español con el sentido de ‘no estar con’, por ejemplo, en “No estoy en ti” en vez de “No estoy contigo” o ‘no estoy involucrado contigo’, ya sea en este momento o en otro. El joven de hoy añade lo pintoresco al contraer el “estoy” por el ‘toy’. Otra expresión, “un vegetal” para significar ‘un viejo que se ve bien’ es metáfora visual de supermercado, menos graciosa que “viejebo”, aunque “vegetal” guarda la raíz de viejo, como en vejestorio. Pero esta es un vocablo muy elitista para la juventud light de hoy.
El modismo “Suéltame” por ‘déjame en paz, no me ataques más’ es sinónimo poco creativo de otro que estuvo en boga en la generación anterior: “Quítamelo” (de encima). Este otro, de muy buena prensa entre la juventud: Ta to, es contracción de ‘Está todo’ okay o bien, copiado del inglés “All is ok”, pero en español el sujeto está invertido, pues debía ser ‘Todo está ok o bien’. Juan Bosch entrevió el derrotero que lleva el español dominicano cuando analizó la frase de un militante universitario del PLD que decía “Lui, tú tá í” por ‘Luis, tú estás ahí’. También la siguiente expresión es imagen gastada de la generación anterior: “Hazme coro” por ‘ponme atención, haz lo mismo que yo’ equivale a la que usábamos en los 80: Fulano le hizo coro a Zutano. Es decir, estuvo de acuerdo con él, lo cual es lo mismo que prestarle su atención para que le domestique.
Me calenté” por ‘me metí en problemas’ es expresión copiado del inglés. Donde estén los adjetivos “hot”, “cool” hay jerga juvenil traducida servilmente al español. “Estoy frío o caliente” con alguien, por estoy contento o bien o enojado con alguien. El vocablo “Muela” con el significado de ‘un cuento inventado para convencer a alguien” sobre lo que sea, pertenece también a la generación anterior que conoció las habilidades de El Muelú, es especie de timador de mujeres. De ahí derivó la expresión verbal “dar muela” a alguien. La creatividad popular no estuvo a la altura del 2000. Igual ocurre con el modismo “Llégale” por ‘vete, hazlo’, si se tiene en cuenta que esa expresión se usa en deporte, sobre todo en béisbol: “Llégale a ese elevado”, “llégale a ese batazo”. Lo mismo ocurre con “Lígatelo”, del verbo ‘ligar’, el cual tiene un significado sexual fuerte en la Península. Entre ligarse una mujer y conseguírsela no haya diferencia, pero de ahí pasar a que ligar sea conseguir no ya a una mujer, sino cualquier otra cosa, ciertamente es posible que haya novedad semántica.
La frase “La dañaste” por ‘cometiste un error, eso no va’ es variante de la que usamos en los 80 con “Ahí fue que lo dañaste”. Peca también de poca creatividad la expresión “Abrió gas”, usada por la actual juventud. En efecto, está documentada muy atrás la expresión “abrir gas” como equivalente de ‘salir huyendo’ o rajarse, como dicen los mexicanos.

El modismo “Me copiaste” es de la época de la radiocomunicación de los organismos policiales y militares con los famosos walkie talkies. Después de preguntar ¿Me copiaste?, se respondía sí o no y a continuación “Cambio y fuera”. Igualmente es de los 90 la expresión “Estar en olla”, es decir, sin dinero”. La música popular ha sido abundosa con esta expresión, la cual a veces se reduce o recorta a un simple “en olla”.Cuando la olla está vacía, no hay dinero para comprar los alimentos. No hay trabajo para producir la mercancía especial llamada dinero. “En olla” equivale a ‘estar en cuenca, en el cuenco o en las cuencas de los ojos’. Y en cuenca es expresión usada por los dominicanos y dominicanas para significar ‘sin dinero’. Es también vieja la expresión “A millón” por ‘con mucho ánimo’. Creo que Sonia Silvestre la documentó en una bachata con la frase “La vellonera a millón”. Hay sentido traslaticio entre ‘mucho ánimo’ y ‘a mucha velocidad, rápido’. Otra expresión: ¡Qué mortal!, por ‘algo que está fuera de lo común’, es decir, extraordinario, es muy creativa. La muerte es lo inexplicable, lo que está fuera del entendimiento común. De ahí se pasa a considerar todo lo excelente, lo extraordinario, como algo mortal. Puede ser sinécdoque del título de una serie famosa llamada “Mortal Combat”.
No sucede así con la expresión “Me sacaste lo pie”, sin la s del plural, pues esta frase es de la generación anterior, que la usó extensamente, incluso copiada servilmente del inglés con mitad de español: “Me sacaste los boogies”, en reemplazo de la trivial “Me sacaste la alfombra”, equivalente a ‘Me despreciaste, me dejaste plantado-a” o ‘me abandonaste’.
Otra frase que viene de la jerga de los mecánicos de autos es “Ahí e que prende” por ‘así es como me gusta’. A la frase del mecánico “Dale a prender”, este contesta, si el vehículo enciende: “Ahí es que prende”, es decir, en ese punto es donde funciona el encendido. ¿Y a quién no le gusta eso?
El modismo que reporta Quiroz, “Brisiao” con el significado de ‘rápidamente’, tiene otro que él no captó. Cuando alguien está brisiao es que ‘está acelerado, con urgencia’ por hacer algo. Se deriva del sustantivo “brisa” al cual se le ha construido el verbo brisiar, copiado del inglés “to breeze” que es brisa violenta o ráfaga. Tampoco hay creatividad en el uso de “bárbaro” por ‘alguien que hizo algo fuera de lo común o absurdo’. Así con la l de los capitaleños, nada hubo más fuera de lo común o absurdo que la invasión de los bárbaros que puso fin al Imperio Romano.
Igualmente, no hay creatividad en la frase “a lo callao” por ‘en secreto o silencio, entre nosotros’.  En mi generación, la achicábamos: A lo calladito o a veces, “A la callanda”. Es vieja también la expresión “picharle un juego a alguien” con la connotación de hacerle el amor a una mujer, pues el ejemplo documentado por Quiroz es “A esa le picho un juego”, derivado del vocabulario beisbolero. En la frase “¿Quién lo patrocina?” con el sentido de ‘¿quién le paga por hacer esa ridiculez?’ hay creatividad. No solamente es ridículo quien paga, sino también quien ejecuta la acción. Con “bulto” como sinónimo de ‘cuento’, ya analizamos la expresión “Hacer bulto”, igual a “ser bultero”. Con “chévere”, creo que desde la llegada del primer cubano a Santo Domingo, hasta los chinos de Bonao conocen su significado. De la expresión “Cógelo ‘easy’ cabe decir que todas las generaciones desde los 70 para acá, la han usado y le han agregado variantes cómicas como ‘cógelo con suavena, con vasela, etc.
El modismo que reporta Quiroz, “Brisiao” con el significado de ‘rápidamente’, tiene otro que él no captó. Cuando alguien está brisiao es que ‘está acelerado, con urgencia’ por hacer algo. Se deriva del sustantivo “brisa” al cual se le ha construido el verbo brisiar, copiado del inglés “to breeze” que es brisa violenta o ráfaga. Tampoco hay creatividad en el uso de “bárbaro” por ‘alguien que hizo algo fuera de lo común o absurdo’.

Retos, desafíos, ayudas y responsabilidad social

Así afecta el COVID-19 a pacientes con enfermedad cardiovascular ...


Esto del COVID-19 ha revuelto la sociedad, ha alterado nuestra existencia. Este pequeño demonio nos plantea exigencias personales y sociales que son imprescindibles para poder vencerlo.

Nuestro país tiene una realidad que solo si logramos la unidad de todos los dominicanos(sin cliché) podremos enfrentar, los desafíos son muy grandes, desbordan nuestras posibilidades individuales, por mas egoístas que vivamos y seamos)que tenemos de todo).

Es hora de que nuestros líderes políticos, empresariales, sociales, laborales, deportivos, religiosos(nacionales y locales) se decidan unir esfuerzos, de nada vale que todo se haga en el nivel central deben existir medios y mecanismos donde los responsables de las provincias y municipios tengan algo que hacer y lo hagan.

Sin dudas, que el mayor peso, la mayor responsabilidad la tienen los responsables del gobierno, ellos deben ser la vanguardia, aunque no deben sobre dirigir ni tampoco imponer sus criterios a troche y moche. Deben ser humildes y dar participación a "expertos" y "especialistas" de la oposición, de la sociedad civil (olvidando un poco los intereses partidistas, lo cual debe venir también de los opositores).

Es imperativo, obligatorio que quienes solo piensan en aprovechar este momento para seguir en campaña realicen sus aportes llevándolas a través de los organismos existentes o creados para tales fines. Es necesario que esas ayudas lleguen a quienes las necesitan, esas y otras ayudas deben ser canalizadas para lograr la mayor eficacia y eficiencia posible.

No quisiera pensar que nuestra clase política (de la que tenemos una opinión muy personal) sea tan descarada que solo sea capaz de entregar esas ayudas si ello garantiza algún que otro resultado electoral.